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Hola mi bro, se te perdío algo?

Música

Como quisiera que tú vivieras… El adiós del ‘Divo de Juárez’

Como quisiera que tu vivieras…  coro que se repetía como un eco incesante entre los ríos y ríos de gente que se precipitaban caudalosamente hacía el epicentro de la ciudad, ante el coloso de mármol de las bellas artes, y que terminaron por formar un océano de aproximadamente, estiman, medio millón de personas, que fueron transitando desde tempranas horas del lunes y permanecieron incesantes hasta la madrugada, cantando, llorando y celebrando a un hombre, al último gran ídolo mexicano.

Y es que el Divo de Juárez cautivó con sus canciones durante tantos años y a través de tantas generaciones, haciendo de estas, más que éxitos musicales, verdaderas obras y reliquias de la cultura popular mexicana, legado y patrimonio que ha alimentado y musicalizado al menos una vez para todo buen mexicano y latinoamericano alguna fiesta, peda, despedida, cumpleaños, boda, la hora de hacer quehacer y la vez que nos rompieron el corazón.

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Este homenaje, más merecido para la gente que para el mismo Juan Gabriel, comenzó en punto de las cuatro de la tarde, hora en que arribó la urna con las cenizas del cantante, después de un largo trayecto desde el aeropuerto, el cual recordaba a la visita del Papa, con multitud de gente elogiándolo todo el camino, el mismo cristo se quedó corto e ignorado a comparación (el de Iztapalapa). Ya desde mucho antes de su llegada, las eternas filas, como el amor de Juanga, serpenteaban, iban, venían y regresaban por toda la alameda central,  nadie tenía idea de donde comenzaba, y para cuando lo averiguabas ya estabas muy pero muy lejos de alcanzarla.

Al preguntar a las personas si no se arrepentían de llevar formadas horas y horas, y ver que por más que transcurría el tiempo, los millares que estaban aún delante de ellos no parecían reducirse, contestaban un inquebrantable “¡Para nada!”. “Vale la pena toda esta espera si puedo despedirme, por lo menos unos segundos, del hombre que cantó, me cantó y lo hizo para todo el mundo para la eternidad” declaraba don José, de 73 años, quien llevaba desde las siete de la mañana formado, pero desde 1971 escuchándolo.

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Al recorrer la ya intransitable avenida Juárez, se podían apreciar todo tipo de escenas y celebraciones, imitadores cantando los éxitos del compositor, vestidos con trajes muy excéntricos, atiborrados de lentejuelas y encajes, con una rosa en la mano, micrófono en la otra y una sonrisa agridulce, ante el cariño de la gente que los aplaudía como si se tratasen  de la propia reencarnación de Alberto Aguilera, pero ante la sombra del adiós a quien fuera su héroe e inspiración, un inigualable en el extenso sentido de la palabra.

Viejos, jóvenes, niños, adultos; mujeres y hombres, obreros, policías, godinez; familias, parejas y solitarios, una gama de contrastes de todo tipo de personas, un movimiento que reunió a todos por igual en este lunes caótico y lluvioso, en el que muchos olvidaron la escuela y el trabajo para acudir con tristeza a llorar su muerte y con alegría a celebrar su vida.

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Entre toda la multitud, podían apreciarse alzadas al cielo, imágenes del ídolo, pancartas, carteles, banderas, globos, cartas y como no, muchos selfie sticks; todos quería llevarse el recuerdo del emotivo e histórico momento y no perderse ni un detalle, o simplemente presumirlo en sus redes,  se pudo notar como las tecnologías han cambiado precipitadamente la forma de comportarse de las personas, al momento de pasar a despedirse del Divo, ante sus restos, más que oraciones y ofrendas, hubo selfies y videos del efímero turno que tenían los asistentes de caminar ante Juan Gabriel. Supongo que debemos estar agradecidos de que nadie, al parecer, tuvo el descaro de buscar pokemones en esta ceremonia.

Al caer el sol tras las murallas de la ciudad, el suelo se cimbró con los armónicos sonidos y cantos que emergieron desde la fachada del palacio, en un templete montado para acoger a todos los músicos del difunto cantante, los cuales habrían de brindar por última vez, un magno espectáculo remembrando la exitosa carrera del Divo a través de sus éxitos más sonados y recordados por todos a la perfección, estrofa a estrofa, palabra a palabra. La gran masa de gente se unió en una unánime voz que cantaba al cielo, historias, recuerdos, legados y sobre todo emociones; un regalo de amor eterno para todos, pues se demostró que mientras siga sonando su música, mientras la gente cante, ría y llore con ella, Juan Gabriel seguirá vivo a través de ella y de todos.

 

El bato que escribe de rock, toma fotos a bandas y que toma café, me gusta el Punk. Freelance

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