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Hola mi bro, se te perdío algo?

Música

Licencia para cantar al Metropólitan

En la noche del 3 de diciembre me presenté casi al punto de las ocho de la noche para ser partícipe de una fiesta muy particular que se traía don Andrés Calamaro. Realmente fueron aires muy diferentes los que me llevaron a ocupar una de las butacas del mentado teatro, aires más próximos a los de una camaradería consagrada y unas ganas muy grandes por aprender.

Siempre he pensado que a un artista se le aprecia en serio en vivo, más allá de las grabaciones, más allá del estudio, de los directos televisados de las canciones que se entonan en las pedas compadrezcas de fines de semana, a través de las roída rockolas de las pulquería o cantinas más accesibles al bolsillo. Tener de primera mano a Andrés Calamaro en vivo y a todo color me significó una experiencia nueva, pues nunca fui un devoto de sus dengues y milongas.

Hice gala de mi ensayada y nueva habilidad de llegar temprano (cuando creces te vas dando cuenta de la importancia de esto) pues me quedé de ver con un gran amigo al cual le tengo especial afecto. El sí es bien fan de Calamaro, el sí siente la fiesta brava, la parquedad del vino, el perfume del jamón serrano, mi compadre si sabe llorar el tango, no como otros.

Carlos (mi compadre) iba acompañado de su amorcito azucarado, la cual parecía tener bien instruida la escuela Calamarezca por parte del novio. Como andábamos sobrados de tiempo, se dio la oportunidad de hacer un par de cosas muy necesarias para antes de empezar un concierto que se precie de ser digno de ser vivido: Comprar camisetas a los ambulantes y enchilarme como el carajo con unos tacos de maciza que vendían frente al teatro Metropolitan…Ya sé que esto último no es nada relevante, pero mi queja tenía que extenderse a todos los medios posibles, disculpa tú.
Después de haber perdido mi primer round con el picante (yo que siempre me jacté de ser todo un macho en cuanto a salsas se refiere) nos encaminamos a formar la larga fila que nos conduciría a los ya tan famosos tocamientos de los de seguridad, que entre manoseo y apretón de nalgas nos dan chance de ya irnos a nuestros asientos, de una vez por todas.

Acomodados en nuestras butacas marca “hasta atrás” (no es queja, todo se escuchó perfecto) me sorprendí un poco por la calidad tan variopinta de los asistentes, mucho ario, mucha mujer guapa, mucho “bohemio”, mucho “intelectual”, mucha mujer guapa, mucha gente amenazando con poner de cabeza el recinto, mucho adulto joven, mucha mujer guapa…

Llegamos justo cuando se estaba anunciando la segunda llamada, 10 minutos después se apresura a llegar Andrés Calamaro con un distinguido trío de músicos que se perfilaban a ejecutar su chamba, uno al piano, otro a la batería y el último al contrabajo. Todo confeccionado especialmente para dar ese tono intimista y sobrio que a Calamaro tanto le gusta. Comenzó un seco saludo y sin distracción alguna se apresuró a entonar las primeras notas de La libertad, todo parco y serio en esas gafas oscuras (¿Por qué chingados trae unas gafas de sol en un recinto cerrado?) sentado en un banco, la milonga da inicio, y los asistentes se entregan a la menor provocación.

El desarrollo de la actuación sería a partir de este punto de una precisión y una solemnidad cuasi clínica. A continuación la banda se arranca con Bohemio, el pianista se luce muuuy cabrón, el maldito traía una destreza jazzística a tope. Calamaro con esa vocecilla a la flamenca que ha ensayado todos estos años en sus prolongadas estancias españolas cantó Te quiero porque adentro del abismo vas a seguir siendo el mismo, para mí. Permite que me incline ante tu sombra cuando el cántaro se rompa, libertad… Identifiqué fácilmente el tema, pues reconozco que representa uno de sus mejores en el repertorio.

A pesar de la solemnidad no pierde en ningún instante la conexión con el auditorio, los tenía en la palma de la mano. No es que fuese cosa difícil, el público latino somos bien facilotes y entregados, como quinceañera de colonia popular.

Algo contigo fue otro de los highlights, uno de los temas consentidos, él publicó no titubeó en coros y gritos. Incluso la tímida y seria argetina que se sentó a mi izquierda, la cual no dejó de capturar el recital a través de la opción de grabadora de su celular, (a pesar de que ya nos la tenían bien sentenciada con que no podíamos sacar fotos ni videos, ni alguna grabación de cualquier tipo) se notaba muy emocionada y conectada con cada cosa que sucedía en el escenario.

La combinación 7 segundos/ El día que me quieras que se echaron Calamaro y compañía resultó muy placentero. Comenzando con la primera parte 7 segundos, para ir in crescendo hasta decantar con El día que me quieras, el público aulló de inmediato al reconocer el tema de Gardel, el cual popularizaría Roberto Carlos con aquel refresh que le hizo en los 70 (el cual prefiero ja) incluso yo me estremecí un poquito en mi asiento cuando reparé en ello.

Cacho de Buenos Aires fue otra de las grandes puntadas de la noche, un tango muy sabroso que Andrés se encargó de darle alma y lisonja, pues en esta se compacta un poco del espíritu Gardeliano que un tal Cacho Castaña ya había hecho el favor de componer. La letra rezó Soy Cacho de Buenos Aires y no hay farol que me alumbre. ¡Mi gran amor lo perdí por esa puta costumbre! ¡Soy cacho de Buenos Aires y tengo un sueño escondido, cantar igual que Gardel! El conjunto se fusionó a la perfección, las percusiones sonaron como ninguna, al unísono del contrabajo que con el juego de luces llevaron a la imaginación del colectivo un poco del Caminito, ese barrio colorido de La Boca, ya tan famoso por ser musa de tantos y tantos tangos como este.

Copa Rota fue otra de las que los presentes vitorearon a todo pulmón, ampliamente conocida por la interpretación de José Feliciano, de hecho en este recital me enteré por primera vez a voz de mi compadre que es por ese señor que se popularizó, onda:

-¡Hey! Esta rola ¿De quién era?
– Ah cabrón, creo era de este wey ciego, ¿Cómo se llamaba?
-(¿Ray Charles? ¿Stevie Wonder?)
-¡José Feliciano!

Copa Rota, a voz del buen Andrés se me antojó mucho más deliciosa, por ponerme exageradito. Realmente disfruté esa…¿Reinvención? Que adopta con estos instrumentos y esa cadencia vocal, el tempo se retrasa y resulta un goce total.

A continuación la propia y privada versión de Calamaro de esa joyaza de Jose Alfredo. Que te vaya bonito, en una sentida interpretación que tuvo rendido al Metropolitan completamente, con esa re imaginación del clásico mariachi, cantinero de las 3:00 AM cuando uno generalmente ya está más alcoholizado y dolido que la chingada… Según me han contado.

Después de un par de temas que seguían con ese tren sentimental, después del guateque introductorio, después de un par de palabras lanzadas al público (Platica con nosotros, no seas cabrón…Somos buena onda) y de esa faena media ridícula de besar el escenario. Llegaba la triada de sentencia:

Estadio Azteca, en esa fusión de tributos, un tanto al hombre farlopa Maradonna cuando de su mano se dio la copa del mundo (De su mano, jaja ¿Entendiste? De su man… )un tanto por sus excesos, porque él es el hombre farlopa, un tanto por su leyenda futbolística y porque consumía cantidades industriales de farlopa porque le gustaba mucho la farlopa y un tanto por México, que le dimos el triunfo, la gloria, la copa…Y la farlopa.

Cuando era niño, y conocí el estadio azteca, me quedé duro, me aplastó ver al gigante, de grande me volvió a pasar lo mismo, pero ya estaba duro mucho antes…

Flaca, con su increíble letra, la cual ya pedían a gritos como 8 temas atrás (¡Ay ya! Ahí está) fue una de las primeras estocadas de Andrés y los suyos a este humilde toro que tuvo cual audiencia cautiva durante toda esta gesta brava que se hizo de concierto. Aquella rola que alguna vez pensé era de: Flaca no me dejes flaca vení, quereme un poquitito no seas así, realmente es Flaca no me claves tus puñales por la espalda tan profundo no me duelen no me hacen mal. Lejos en el centro de la tierra las raíces del amor donde estaban quedarán… Las confusiones de la vida.

Después vino una favorita personal, Paloma que en su lírica se esconde un pedacito de sabiduría cotidiana aplicable a muchos esquemas…Le dije a mi corazón sin gloria pero sin pena: No cometas el crimen corazón, si no as a cumplir la condena, esta sirvió para dar paso a un breve encore, que con la milonga que se estaba armando realmente fue una delicia de pies a cabeza, algunos asistentes se habían soltado a las lágrimas, mis acompañantes, aunque serenos estaban en demasía extasiados.

Este clásico de cualquier repertorio en cualquiera de las facetas de Andrés se hizo sonar, como un conjunto de flores que se recitan a un público sumiso ante la gallardía de su héroe torero, los asistentes se hicieron esperar ante la ya tan conocida faena del “Ay, ya nos vamos ¿Eh? Adioooos

Mientras los músicos se preparaban para un breve descanso, dejaron en paz un rato las teclas del piano, dejaron reposar las percusiones y el contrabajo en las alfombras, para que el público de ansiosos e impertinentes abrieran paso a los gritos y chiflidos…Yo ya me empezaba a aclarar la garganta para provocar el “Culeeeero, culeeeero” pero no me dio tiempo, la neta. Pues apenas pasados un par de minutos la agrupación no se hizo mucho del rogar y finalizaron con cuatro temas.

El último de ellos, Crímenes Perfectos (Buuu!, en algún momento creí que iba a entonar su tributo a Cerati, eso me decepcionó) fue la última pieza de este recital embadurnado de esencias rústicas y embriagadas. Mucha flor, mucha camaraderia.

Uno de los últimos dengues Calamarinos fue ese pequeño teatro que armaron todos en el escenario donde cada músico representó a un pequeño toro y Andrés era el envalentonado torero, no podía faltar ese cachito de su propaganda taurina. Supongo que no lo puedo culpar, durante la hora con cuarenta y cinco minutos que duró el concierto, esta fue su casa y yo, aunque no soy fan suyo ni mucho menos taurino, me volví por un momento parte de su gente, y por supuesto que se le respeta.

Yo me fui del recinto satisfecho con lo asimilado, el tango, el bolero, la milonga, la cadencia y la bravura. Me llevé un poco de ese mundo que tanto nos hemos empecinado en ignorar por la superioridad moral de estos tiempos tan políticamente correctos. Yo me adorne de las flores y de las palmas. Con la sal de sus emociones y sus cantos.
Me fui con la acidez por esa pinche salsa de los tacos, que más parecía corrosión para las cañerías. Me fui con otra experiencia. ¡Será hasta la próxima! ¡Bendita sea la gracia! y ¡Olé mi re pajolera suerte!

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El bato que escribe de rock, toma fotos a bandas y que toma café, me gusta el Punk. Freelance

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